Declaración de
Ginebra sobre el futuro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual
La humanidad
enfrenta una crisis mundial de gobernanza del conocimiento, la tecnología y la
cultura. Esta crisis se manifiesta
de diferentes maneras:
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Al no tener
acceso a medicamentos esenciales, millones de personas sufren y mueren;
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Una desigualdad moralmente
criticable de acceso a la educación, al conocimiento y a la tecnología socava
el desarrollo y la cohesión social;
§
Prácticas
anticompetitivas en la economía del conocimiento imponen costos enormes que
recaen sobre los consumidores y retardan la innovación;
§
Los autores, artistas e
inventores afrontan crecientes barreras para seguirle los pasos a la
innovación;
§
La concentración de la propiedad y el control del
conocimiento, tecnología, recursos biológicos y cultura, perjudican el
desarrollo, la diversidad y las instituciones democráticas;
§
Las medidas tecnológicas
diseñadas para poner en vigor los derechos de propiedad intelectual en medios
digitales, amenazan excepciones básicas a las leyes de derecho de autor establecidas
para beneficiar a personas discapacitadas, bibliotecas, educadores, autores y
consumidores, y socavan la privacidad y libertad;
§
Mecanismos importantes para
recompensar y apoyar a los individuos y comunidades creativos son injustos,
tanto para los creadores como para los consumidores;
§
Los intereses privados
malversan los bienes sociales y públicos, y cierran el acceso al dominio público.
Al mismo tiempo, existen innovaciones asombrosamente
promisorias en tecnologías de la información, medicina y otras tecnologías esenciales,
así como en movimientos sociales y modelos de negocio. Somos testigos de campañas altamente
exitosas para el acceso a medicinas para combatir el SIDA, revistas
científicas, información referente al genoma humano y otras bases de datos, así
como de cientos de esfuerzos colaborativos innovadores para crear bienes
públicos, incluyendo la Internet, la World Wide Web, la Wikipedia, el Creative
Commons, GNU Linux y otros proyectos de software libre y de código abierto, así
como de herramientas de educación a distancia y de investigación médica. Tecnologías tales como Google proveen a
decenas de millones con poderosas herramientas para encontrar información. Se han propuesto sistemas alternativos
de retribución para expandir el acceso y el interés en trabajos culturales, al
mismo tiempo que se proporciona tanto a los artistas como a los consumidores
sistemas eficientes y justos de compensación. Hay un renovado interés en reglas de responsabilidad
compensatoria, premios a la innovación o intermediarios competitivos, como
modelos de incentivos económicos para la ciencia y tecnología, que puedan
facilitar la innovación continua y evitar abusos monopólicos. En el año 2001,
la Organización Mundial del Comercio (OMC) declaró que sus países miembros
deben "promover el acceso universal a los medicamentos".
La humanidad se halla en una encrucijada, una
bifurcación en nuestro código moral y una prueba de nuestra capacidad para
adaptarnos y crecer. ¿Evaluaremos,
aprenderemos y aprovecharemos lo mejor de estas nuevas ideas y oportunidades, o
responderemos a los menos imaginativos alegatos de suprimir todo esto en favor
de una política intelectualmente débil, ideológicamente rígida y a veces
brutalmente injusta e ineficiente? Mucho dependerá de la dirección futura de la Organización
Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), un cuerpo mundial que fija los
estándares que regulan la producción, distribución y uso del conocimiento.
Una Convención en
1967 buscó fomentar la actividad creativa al establecer la OMPI para promover la protección de la propiedad intelectual.
Su misión se amplió en 1974,
cuando la OMPI pasó a ser parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU),
bajo un acuerdo que solicitaba a la OMPI tomar las "acciones apropiadas para
promover la actividad intelectual creativa" y facilitar la transferencia de
tecnología a los países en vías de desarrollo, con el objetivo de "acelerar el
desarrollo económico, social y cultural".
Como una organización intergubernamental, sin
embargo, la OMPI adoptó una cultura de creación y expansión de los privilegios
monopólicos, a menudo sin considerar las consecuencias. La continua expansión de estos
privilegios y de sus mecanismos de ejecución nos ha conducido a graves costos
sociales y económicos, ha obstaculizado y amenazado otros importantes sistemas
de creatividad e innovación. La
OMPI necesita capacitar a sus miembros para que entiendan las consecuencias
sociales y económicas reales de una excesiva protección de la propiedad
intelectual y la importancia de alcanzar un balance entre el dominio público y
la competencia, por un lado, y la esfera de los derechos de propiedad, por el
otro. Las doctrinas de "más es
mejor" o "lo poco nunca es bueno" son falsas y peligrosas, han comprometido
seriamente la posición de la OMPI, especialmente entre los expertos en
políticas de propiedad intelectual. La OMPI debe cambiar.
No pedimos que la OMPI abandone sus esfuerzos para la
promoción de una adecuada protección de la propiedad intelectual o abandone
todos los esfuerzos para armonizar y mejorar estas leyes. Pero insistimos en que la OMPI trabaje desde
el marco más amplio descrito en el acuerdo de 1974 con la ONU y se decida por
una visión más balanceada y realista de los beneficios y costos sociales de los
derechos de propiedad intelectual como una herramienta, pero no como la
herramienta única, para apoyar la actividad intelectual creativa.
La OMPI debe además expresar una visión más equilibrada
de los beneficios relativos de la armonización y la diversidad, y tratar de
imponer una obediencia mundial sólo cuando ésta beneficie realmente a toda la
humanidad. Un enfoque en el que se
impone las mismas políticas a todos los países y que implica los más altos
niveles de protección de la propiedad intelectual para todos, nos conduce a
resultados injustos y agobiantes para los países que luchan por cubrir las
necesidades más básicas de sus ciudadanos.
A la Asamblea General de la OMPI se le ha pedido
establecer una agenda de desarrollo.
La propuesta inicial, puesta a consideración por los gobiernos de
Argentina y Brasil, podría reformar profundamente la agenda de la OMPI hacia el
desarrollo y nuevos enfoques que apoyen la innovación y la creatividad. Este es un primer paso largamente
esperado y necesario hacia una nueva misión y programa de trabajo de la OMPI. No es perfecto. La Convención de la OMPI debería
reconocer formalmente que es necesario tener en cuenta las "necesidades de
desarrollo de sus Estados miembros, particularmente los países en vías de
desarrollo y los países menos desarrollados," como se había propuesto, pero esto
no es suficiente. Algunos han
argumentado que la OMPI debe sólo
"promover la protección de la propiedad intelectual", y no considerar política
alguna que revierta los títulos de propiedad intelectual o que proteja y mejore
el dominio público. Esta visión
limitante reprime el pensamiento crítico.
Mejores formas de expresar la misión pueden encontrarse, incluso de
aquella condición del acuerdo de 1974 ONU/OMPI de que la OMPI "promueva la
actividad intelectual creativa y facilite la transferencia de la tecnología
relacionada con la propiedad industrial". Las funciones de la OMPI no sólo deben ser las de promover
"la protección eficiente" y la "armonización" de las leyes de propiedad
intelectual, sino que deben acoger formalmente las nociones de equilibrio,
adecuación y estimulación de los modelos competitivos y colaborativos de
actividad creadora dentro de los sistemas de innovación nacionales, regionales
y transnacionales.
La propuesta para elaborar una agenda de desarrollo
ha creado la primera oportunidad real para debatir el futuro de la OMPI. No solamente es una agenda para los
países en vías de desarrollo. Es
una agenda para todos, Norte y Sur. Debe ir hacia adelante. Todas las naciones y personas deben unirse y expandir el
debate sobre el futuro de la OMPI.
Debe haber una moratoria sobre nuevos tratados y la
armonización de estándares que expanden y refuerzan los monopolios y que luego
restringen el acceso al conocimiento. Por generaciones la OMPI ha respondido primordialmente a las
estrechas preocupaciones de poderosas editoriales, empresas farmacéuticas, productores
de vegetales y otros intereses comerciales. Recientemente la OMPI se ha vuelto más abierta a la sociedad
civil y a los grupos de interés público, y dicha apertura es bienvenida. Pero la OMPI debe ahora abordar las
preocupaciones substantivas de estos grupos, tales como la protección de los
derechos del consumidor y los derechos humanos. Se debe dar prioridad entonces a las largamente desatendidas
preocupaciones por los pobres, enfermos, discapacitados visuales, entre otros.
La agenda de desarrollo propuesta
apunta a la dirección correcta. Al
detener sus esfuerzos por adoptar nuevos tratados sobre leyes de patentes
substantivas, derechos de los que producen medios y bases de datos, la OMPI
creará un espacio para atender necesidades muchísimo más urgentes.
Las propuestas para la creación de comités permanentes
y grupos de trabajo en transferencia de tecnología y desarrollo son
bienvenidas. La OMPI debería además
considerar la creación de uno o más cuerpos que sistemáticamente se ocupen del
control de prácticas no competitivas y de la protección de los derechos del
consumidor.
Apoyamos el llamado a un Tratado para el Acceso al Conocimiento
y la Tecnología. El Comité
Permanente de Patentes y el Comité Permanente de Derechos de Autor y Derechos
Conexos deben solicitar las opiniones de los países miembros y del público
respecto a los elementos de dicho tratado.
Los programas de asistencia técnica de la OMPI deben ser
fundamentalmente reformados. Los
países en vías de desarrollo deben tener herramientas para implementar la
Declaración de Doha de la OMC sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad
Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) y Salud Pública, y "usar al
máximo" las flexibilidades de los ADPIC para "promover el acceso a las
medicinas para todos". La OMPI
debe ayudar a los países en vías de desarrollo a abordar las limitaciones y
excepciones en las leyes de patentes y derechos de autor que son esenciales
para la equidad, el desarrollo y la innovación. Si la Secretaría de la OMPI no puede entender las
preocupaciones y representar los intereses de los pobres, el programa de asistencia técnica
debe ser trasladado, en su totalidad, a un cuerpo independiente que sea
responsable ante los países en vías de desarrollo.
Las enormes diferencias en la capacidad de
negociación conducen a resultados injustos entre individuos y comunidades
creativas (tanto modernas como tradicionales) y las entidades comerciales que venden
cultura y conocimiento como bienes. La OMPI debe honrar y apoyar a los individuos y comunidades
creativas investigando la naturaleza de prácticas comerciales injustas, y
promover modelos de buenas prácticas y reformas que protejan a los individuos y
comunidades creativas en esas situaciones, consistentes con las normas de las
comunidades pertinentes.
Se le ha pedido a las delegaciones
que representan a los Estados miembros de la OMPI y a la Secretaría de la OMPI
que escojan un futuro. Queremos un
cambio en la dirección, nuevas prioridades y mejores resultados para la
humanidad. No podemos esperar a
que esto suceda en la siguiente generación. Es tiempo de tomar al toro por las astas y avanzar.
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* Traducción del documento,
del inglés al castellano:
Sofía
Beltrán (UN Volunteers) y Phol Páucar (Cuzco, Perú).
CPSR-Perú